Adiós al dolor de cabeza | UNIVISTA INSURANCE

Adiós al dolor de cabeza

Recuerdo cuando mi abuela me llamaba para que le enhebrara la aguja. Yo dejaba lo que estuviera haciendo y en un abrir de cerrar de ojo, en el primer intento, pasaba el hilo a través del pequeño hueco de acero, como aquel que introduce el pie por la pata de un pantalón.

Pero las agujas se han ido empequeñeciendo en la medida que he ido madurando. Ahora soy yo quien llama a mi hija de 16 años y le pido: “Cariño, ven y léeme la etiqueta de esta medicina”.

A veces pienso que necesitaría tener los brazos más largos para lograr alejar un periódico y ser capaz de leer sus titulares. Cuando escribo, tengo que fijar la letra de la computadora en el tamaño 16. De lo contrario, apenas alcanzo a verla.

Recientemente, debido a los fuertes dolores de cabeza que sufro con frecuencia, fui al médico y resultó que necesito espejuelos.

“Tienes presbicia” me dijo el oculista, después de examinarme los ojos con las pupilas dilatadas. Entonces, me recetó un par de espejuelos.

Pagué $20 por el examen y $20 dólares por las gafas. Y me regaló otro par de gafas graduadas. Gracias a que el seguro de visión me cubre un par de gafas al año y un chequeo de la vista.

Hasta ese momento pensé que había resuelto con las gafas de farmacia. Pero el oculista me explicó que “están bien para un momento de apuro. Pero su uso regular, no es recomendado. Lo correcto es graduarte bien la vista, ya que cada ojo es diferente. Y en los espejuelos de farmacia esa propiedad no se cumple”.

Entonces, hice bien en sacarme mi seguro de visión. Así cada año me controlaré la vista y tal vez me opere para no usar más espejuelos.

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